Tesoros enterrados: Carmen Conde

Escribir sobre escritoras olvidadas siempre tiene ese punto detectivesco que a los lectores nos engancha irremediablemente. Cuando escribo sobre alguna de ellas ya casi siento que la conozco, que, en algunos casos, incluso podríamos ser buenas amigas de tanto indagar en sus vidas y en sus obras. En otros, parece que son sus voces las que de alguna manera quisieran ser escuchadas. Gritos desesperados desde los estantes que ocupan en desvencijadas librerías. 

Este es uno de esos casos. Ojeaba yo unos libros buscando alguna recomendación cuando leí estas dos palabras: Carmen Conde. Y pensé que me sonaba de algo pero, ¿de qué?

Googleé su nombre y ahí estaba. Fue la primera mujer que ingresó en la RAE. Sorprende que, a pesar de este hecho, notable sin duda, no sea una escritora tan conocida.

Carmen Conde (Cartagena, 15 de agosto de 1907 – Majadahonda, 8 de enero de 1996) tiene una vastísima cantidad de literatura publicada. Fue extraordinariamente prolífica a lo largo de toda su vida; escribió novelas, cuentos, poemas e, incluso, obras de teatro. En cuanto a su vida privada, se casó en 1931 con el poeta Antonio Olivar Belmás, pero su verdadero amor, su verdadera pasión, la persona que iluminó su vida, la acompañó y está presente en su literatura es la también escritora Amanda Junquera, a quien conoce en Valencia en 1936. A pesar de ello, Carmen nunca abandonó a su marido.

Dice José Luis Ferris, autor de ‘Carmen Conde. Vida, pasión y verso de una escritora olvidada’ (Temas de hoy, 2007) que no se puede entender su vida sin Amanda, que es un ser fundamental para ella. “Si sabemos quién es Antonio Oliver Belmás, se puede entender mejor una parte de la obra de Carmen, hasta 1936 aproximadamente. Pero, realmente, la que convierte a Carmen en una autora fundamental en la posguerra española, y en una de las voces más destacadas y esenciales de lo que se puede llamar existencialismo poético en los años 40, es Amanda Junquera; a la luz de ella se genera toda su obra importante”.

Carmen colaboró activamente con el ejército republicano y, al término de la Guerra Civil, es Amanda quien la esconde en su casa. Pero ella no puede permanecer escondida. Utiliza seudónimos, se esconde bajo diferentes personalidades y publica libros para niños. De manera sorprendente e inesperada, el régimen retira las acusaciones de republicanismo y se empieza a elogiar y a valorar su figura como escritora hasta elevarla a miembro de la Real Academia Española, título que persiguió incansablemente Emilia Pardo Bazán sin lograrlo. Ninguna mujer había logrado tal éxito, tal reconocimiento hasta entonces.

José Luis Ferris añade que “su vida afectiva tuvo una consecuencia inmediata en su obra. Es dificilísimo entender la obra de Carmen, y valorarla en su justa medida, si no conocemos realmente la dimensión afectiva en la que hay que marcar su existencia, que no es precisamente la oficial o la conocida. Va a sorprender la lucha interior que lleva a cabo durante cincuenta años -bueno, más de cincuenta años, hasta que muere- por mantener el pulso entre lo que la realidad le impone y lo que el deseo le pide. Es un caso ejemplar de lo que es la lucha entre la realidad y el deseo, y ahí estuvo Carmen siempre cubriendo, de alguna manera, las apariencias ante un mundo que no le permitía ser ella misma”. La lucha entre ‘La realidad y el deseo’, como escribió Luis Cernuda, es una constante entre los escritores atormentados, siempre entre lo que se es y lo que se quiere. “Entre mi ser y mi destino, un muro: / la imposibilidad feroz de lo posible”, como escribiría también José Ángel Valente. 

En cuanto la literatura de Carmen Conde, de todo lo que escribió, lo que llegó a mis manos aquel día en la librería fue ‘Soy la Madre’ (Planeta, 1980). Vamos con él. En el momento de su publicación, a inicios de los ochenta, fue un éxito de ventas, llegando a reeditarse en diez ocasiones. 

El argumento inicial gira en torno a la protagonista, Laurencia, que es violada por el cacique de su pueblo. Laurencia está completamente desamparada y rota por dentro, sentimos su dolor y su pesar en lo más hondo a través de las palabras.

“Todo ocurrió brutal y vertiginosamente. Cínico se levantó el asaltante mientras ella le contemplaba aturdida, desesperada, rota, dolorosamente vencida”.

Son, por tanto, numerosas las reflexiones en cuanto a la violación, a la privación de derechos sobre el propio cuerpo ante una bestia como puede llegar a ser el hombre.

“Una cosa es entregarse voluntariamente a un hombre y otra ser avasallada por un cuerpo que se le impone con brutalidad”.

Otro tema a destacar en la novela son las drogas; estamos en 1980, los años más duros de la epidemia de heroína que asoló España y Carmen no puede dejar de reflejar en su obra cómo la sustancia se va llevando la vida de jóvenes enganchados:

“—Es verdad que me drogo, pero no por la boca ni el cigarrillo. Yo tomo lo más fuerte que hay, porque así me olvido de lo que aborrezco. Mira. —Y le enseñó un brazo poblado de marcas diminutas.

—¿De qué son?

—De inyecciones”.

Tras arrastrar toda su vida el desgarro emocional de la violación, Laurencia se casa y tiene un hijo al que adorará por encima, incluso, de sí misma. Pero ello no le impedirá plantearse si la vida es sólo una sucesión de desgracias y un dejar de ser mujer para ser únicamente madre, abriendo así una reflexión moral mucho más intensa y personal que pasa por el deseo y goce sensual femenino:

“Sé que soy una desdichada que sólo llegó a ser madre. Si aquel bruto no me hubiera tratado como a una bestia, si en vez de aplastarme me hubiera acariciado haciéndome sentir lo mismo que sentía él, si mi marido hubiera sido capaz de llevarme a la felicidad, no sólo del corazón sino del cuerpo y toda yo…”

La novela tiene un ritmo a veces frenético, a veces pausado y, en definitiva, es un mosaico de la sociedad que atrapa al lector y, con gran sensibilidad, le traslada las emociones y los sentimientos de los personajes con facilidad. Un libro fascinante que hace que quieras saber más de la autora.

 

¡Espero que os haya gustado esta entrada y nos vemos en el próximo post!

2 comentarios de “Tesoros enterrados: Carmen Conde

  1. Juan C dice:

    Muchas gracias por descubrirme a esta autora de la que no sabía nada. “Soy la madre” será uno de mis libros del 2021. Qué interesante el asunto de la posguerra, cómo retiraron los cargos y consiguió entrar en la RAE… Creo que me pasaré los siguientes días investigando ese asunto jajaja. Además, me lo llego a imaginar todo como una película, muy nítido, como las historias de la guerra y la posguerra que me contaba mi abuela.

    Gracias de nuevo.

  2. Lourdes dice:

    Conozco a Carmen Conde por sus libros infantiles. Cuando iba a EGB leí alguno pero no conocía nada de su interesante vida. Un descubrimiento. Gracias por desvelarnos su personalidad enigmática y las miserias que tuvo que sufrir.

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